LeyendaElHablador

LeyendaLa época prehistórica del continente americano está aún envuelta en un misterio profundo. El pueblo Muisca, donde se encontraban Sopó, Cueca y Meusa, no conservaba ningún recuerdo de civilizaciones anteriores, sus habitantes se consideraban autóctonos, hijos de agua, pues fomentaban sus creencias en el mito de Bachué, Diosa incomparable, de rostro hermoso y cuerpo esbelto, que emergió de la Laguna de Iguaque con un niño, que al paso de los años, se convirtió en su esposo y poblaron el mundo.

El Cacique Sopó ejercía el oficio de recaudador de impuestos a órdenes del Cacique Guatavita, que era el más importante en la comarca; las ofrendas que él recaudaba eran oro, esmeraldas, perfumes, comida y plantas olorosas. Alguna vez Sopó se presentó con afán y desesperación en busca de Guatavita para informarle que los otros cacicazgos no habían querido cumplir con las exigencias impuestas; en este acto, Sopó no vaciló en interrumpir el descanso del Cacique Mayor, fue tanta la indignación de Guatavita, pues para él era importante el reposo y los impuestos, que quiso castigar severamente la falta del Cacique Sopó, exigiéndole entregar la totalidad de sus riquezas enterradas en su cercado.

Sopó se retiró aparentemente conforme pues se le había perdonado la vida pero a su vez pensaba en la manera de vengarse ya que lo sucedido no era su culpa; asistía a las reuniones con los demás caciques de la región y, aunque él era muy reservado, escuchaba atento las manifestaciones de inconformidad con Guatavita por el cobro exagerado en los impuestos. Al llegar el enfrentamiento entre caciques, Sopó, inteligentemente, aprovechó la oportunidad para recuperar sus tesoros, luego Sopó, revestido de poder, se convirtió en amo y señor de las regiones de Cueca y Meusa, cada uno con su respectivo Cacique, todos sometidos a él, quien dictaba leyes e imponía sanciones.


Tomado del periódico El Hablador